Detrás del escritorio | Marlon Rosales: Estados Unidos nos da un ejemplo de cómo usar la democracia

 

     

 

En su columna «Detrás del escritorio», Marlon Rosales reflexiona sobre las elecciones de Estados Unidos, el mensaje que los ciudadanos enviaron al gobierno de Donald Trump y las lecciones que Guatemala debería aprender de cara a las próximas elecciones. Una reflexión crítica sobre el poder del voto, los errores de los gobernantes y la responsabilidad de los ciudadanos al elegir a sus representantes.

Estados Unidos nos da un ejemplo de cómo usar la democracia

Por Marlon Rosales | Detrás del escritorio

Las elecciones celebradas en Estados Unidos nos dejan una importante lección sobre el verdadero valor de la democracia. Nos demuestran que, cuando un pueblo tiene vocación democrática y comprende el poder de su voto, puede corregir el rumbo de su país y enviar un mensaje contundente a quienes ejercen el poder.

La democracia no consiste únicamente en elegir gobernantes, sino también en exigirles resultados y recordarles que el poder pertenece al pueblo.

Donald Trump llegó nuevamente a la presidencia prometiendo abundancia, libertad, prosperidad y un gobierno ejemplar para los estadounidenses. Sus discursos despertaron expectativas entre millones de ciudadanos que confiaron en sus propuestas y decidieron respaldarlo en las urnas.

Sin embargo, durante esta segunda administración, muchas de esas expectativas se han convertido en desencanto.

El incremento del costo de vida, las preocupaciones económicas y las decisiones de su gobierno en materia migratoria han provocado inconformidad entre distintos sectores de la población.

Uno de los casos que más llama mi atención es el de la comunidad hispana, que tuvo una participación importante en el respaldo electoral que recibió Trump.

Resulta contradictorio que algunos ciudadanos de origen latinoamericano apoyaran políticas de mano dura contra los migrantes recién llegados, sin considerar que esas medidas también podrían afectar a familias y comunidades con las que comparten raíces, historia y cultura.

Muchos creyeron que las decisiones migratorias únicamente alcanzarían a determinados grupos. Sin embargo, las redadas, los controles y el temor generado por las políticas de deportación han tenido consecuencias que trascienden a quienes ingresaron recientemente al país.

Cuando se entrega poder sin exigir límites y responsabilidad, las consecuencias pueden alcanzar incluso a quienes ayudaron a conseguirlo.

Pero aquí viene lo verdaderamente importante.

Las elecciones de medio período dieron a los estadounidenses la oportunidad de expresar su descontento por medio de las urnas.

Los resultados favorecieron a los demócratas, quienes consiguieron el control de ambas cámaras del Congreso, modificando el equilibrio político que hasta entonces beneficiaba al presidente Trump.

Este cambio significa que el mandatario encontrará mayores obstáculos para impulsar determinadas decisiones y tendrá que enfrentar un Congreso con capacidad de cuestionar, negociar y supervisar las acciones de su administración.

Eso es precisamente lo que debemos aprender: ningún gobernante debería sentirse dueño absoluto del poder.

Felicito al pueblo estadounidense por demostrar que el voto puede convertirse en una herramienta de corrección política.

Y aquí es donde inevitablemente debemos volver la mirada hacia nuestra querida Guatemala.

En las elecciones pasadas observamos un profundo descontento ciudadano. Durante la primera vuelta presidencial, los votos nulos y en blanco, sumados, superaron los obtenidos individualmente por cualquier candidatura.

Aquello debió representar una advertencia para toda la clase política.

Sin embargo, pareciera que nuestros gobernantes continúan sin comprender el mensaje.

Desde mi perspectiva, el actual gobierno ha quedado lejos de cumplir las expectativas que generó durante la campaña electoral.

Se prometieron cambios, transparencia, desarrollo y una nueva manera de administrar el país. No obstante, considero que los resultados siguen siendo insuficientes frente a las grandes necesidades de los guatemaltecos.

Me preocupa especialmente el rumbo de las finanzas públicas, el crecimiento del endeudamiento y la falta de avances visibles en obras de infraestructura que verdaderamente transformen la vida de la población.

No basta con administrar presupuestos millonarios; los guatemaltecos necesitamos resultados que podamos ver y sentir.

Y si hablamos del Congreso de la República, la situación tampoco invita al optimismo.

La actual legislatura ha sido protagonista de decisiones que, a mi juicio, reflejan una enorme distancia entre los intereses de muchos diputados y las necesidades de quienes los eligieron.

Mientras miles de familias luchan diariamente para cubrir sus gastos, los legisladores mantienen beneficios económicos que han provocado indignación y cuestionamientos.

La reciente aprobación del presupuesto del Congreso para 2027, junto con el rechazo a una propuesta para reducir las remuneraciones de los diputados, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta inevitable:

 

¿A quién están representando realmente nuestros diputados?

Considero que los integrantes de la actual legislatura tendrán mucho que explicar cuando llegue el momento de solicitar nuevamente el respaldo ciudadano.

Personalmente, espero que los guatemaltecos analicemos con mucha atención el trabajo de cada representante antes de decidir si merece continuar ocupando una curul.

No podemos seguir votando únicamente por simpatías, colores partidarios, discursos atractivos o promesas que después quedan en el olvido.

Necesitamos investigar, comparar propuestas, revisar trayectorias y preguntarnos qué han hecho realmente por Guatemala quienes aspiran a gobernarnos.

El próximo año tendremos nuevamente la oportunidad de elegir a nuestras autoridades.

Ojalá comprendamos que las elecciones no deben convertirse en una simple competencia de partidos políticos, sino en una verdadera fiesta cívica en la que participemos con responsabilidad y esperanza.

Debemos involucrar a nuestros familiares, amigos, vecinos y especialmente a los jóvenes.

Hay que conversar sobre política, pero hacerlo con argumentos. Hay que cuestionar a los candidatos, conocer sus propuestas y exigirles compromisos claros.

La indiferencia ciudadana también tiene consecuencias. Cuando los buenos ciudadanos dejan de participar, otros terminan decidiendo por ellos.

Guatemala es un país inmensamente rico en cultura, historia, recursos naturales y talento humano. No podemos resignarnos a vivir permanentemente entre promesas incumplidas, confrontaciones políticas y decisiones que parecen beneficiar solamente a unos cuantos.

Miremos lo ocurrido en Estados Unidos y aprendamos la lección.

Los estadounidenses demostraron que, cuando una parte importante de la población está inconforme con el rumbo de su gobierno, puede utilizar el voto para modificar el equilibrio del poder.

Nosotros también podemos hacerlo.

No necesitamos esperar a que alguien venga a rescatar nuestro país. Necesitamos asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos y comprender que el futuro de Guatemala depende, en buena medida, de las decisiones que tomemos frente a las urnas.

No dejemos de participar. Involucremos a otros. Informémonos y votemos con conciencia.

Que las próximas elecciones sean una oportunidad para demostrar que los guatemaltecos también sabemos ejercer nuestra democracia.

Y, primero Dios, que esta vez sepamos elegir bien.

Porque si ellos pueden, ¿por qué nosotros no?

Marlon Rosales
Detrás del escritorio

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