Me he dado a la tarea de interrogar a muchos capitalinos si saben quién fue Raúl Aguilar Batres y por qué una de las arterias más importantes de la capital lleva su nombre. Decenas de personas y nadie me supo contestar.
Más de uno dijo que fue presidente de la República, otros que fue un general muy famoso, y la gran mayoría se me quedó viendo con un aire de ignorancia, como diciendo: “Nunca se me ocurrió averiguar”.
Ahora me pregunto si los amigos que están leyendo estas líneas saben la respuesta y, me temo, que muchos tampoco la saben.
Ante tanto desconocimiento, creo que es importante recordar quién fue el ingeniero, urbanista, catedrático, visionario y servidor público Raúl Aguilar Batres.
Hay hombres que construyen obras y hombres que, además, son capaces de imaginar el futuro. El ingeniero Aguilar Batres perteneció a estos últimos.
Cuando la Ciudad de Guatemala era mucho más pequeña, Aguilar Batres comprendió que crecería y que ese crecimiento necesitaba orden, planificación y visión de largo plazo. No se limitó a resolver los problemas de su tiempo: pensó en la ciudad que vendría después.
Su trabajo dejó una huella que todavía utilizamos todos los días. La organización de las zonas, el sistema de numeración de calles, avenidas y casas, el trazo de la Avenida de las Américas y la planificación de proyectos viales —garantizando los derechos de vía, por ejemplo— como el Anillo Periférico, el puente de El Incienso, el Bulevar Los Próceres y muchos otros desarrollos reflejan una manera de entender el crecimiento urbano que hoy parece cada vez más necesaria: anticiparse a los problemas, en lugar de esperar a que se conviertan en crisis.
Aguilar Batres entendió algo fundamental: una ciudad no se improvisa. Se piensa, se ordena y se construye con una perspectiva que va mucho más allá del período de una administración municipal o de un gobierno.
Basta recorrer hoy la capital para comprender la dimensión de ese desafío. El crecimiento urbano, la congestión vehicular y las dificultades de movilidad nos obligan a preguntarnos dónde está aquella capacidad de pensar la ciudad como un proyecto integral y no como una suma de problemas urgentes que se atienden tarde y mal.
No se trata de idealizar el pasado ni de pretender que las soluciones de hace setenta años bastarían para resolver los problemas actuales. La Guatemala de hoy es mucho más grande y compleja. Precisamente por eso necesita más planificación, más conocimiento técnico y más capacidad de anticipación, no menos.
No necesitamos ideólogos o políticos; necesitamos técnicos profesionales que conozcan cómo resolver los problemas que aquejan la vida cotidiana de los ciudadanos.
Necesitamos autoridades que piensen en las próximas décadas y no solamente en las próximas elecciones. Que comprendan que una carretera, una avenida o un sistema de transporte no son obras aisladas, sino piezas de una visión de desarrollo que debe integrar vivienda, empleo, servicios públicos y calidad de vida.
Estamos viendo cómo otras áreas urbanas siguen creciendo en desorden, sin planificación, creándose ciudades medievales, sin las vías de acceso necesarias para absorber el aumento poblacional y económico.
Por ejemplo, en el Valle de Quetzaltenango, que abarca varios municipios; la región de Cobán-Carchá; el corredor Palín-Escuintla-Siquinalá; Retalhuleu y municipios circunvecinos; las llamadas “ciudades intermedias”; y, por supuesto, todos los municipios del Distrito Metropolitano, que rebasan el departamento de Guatemala.
El legado de Raúl Aguilar Batres nos recuerda que la infraestructura más importante de un país no es únicamente el concreto y el asfalto: es la capacidad de imaginar hacia dónde queremos ir y de tomar hoy las decisiones que harán posible llegar allí mañana.
Honrar la memoria y el legado de Raúl Aguilar Batres significa recuperar esa visión. Significa entender que planificar no es un lujo ni un trámite burocrático: es una responsabilidad con las generaciones presentes y futuras.
Las ciudades que se construyen sin planificación terminan pagando el precio de la improvisación. Y ese precio lo pagan, todos los días, sus ciudadanos en tiempo perdido, oportunidades limitadas y calidad de vida sacrificada.
Raúl Aguilar Batres nos dejó una lección que sigue vigente: el futuro de una ciudad comienza a construirse mucho antes de que sus problemas sean visibles.
La Guatemala que viene necesita, más que nunca, mujeres y hombres capaces de pensar más allá del presente. Necesita visión.
¡Raúl! ¿Dónde está el Raúl de nuestro tiempo?
Edmond Mulet





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