El Congreso de la República debería ser uno de los principales espacios de representación de la ciudadanía.
Sin embargo, para Marco Antonio Sagastume Gemmell, la realidad política de Guatemala muestra un escenario muy distinto.
En su reflexión de hoy, el autor parte de una idea histórica: la separación de poderes propuesta por pensadores como John Locke y posteriormente desarrollada por Montesquieu, concebida precisamente para evitar que una sola estructura concentrara todo el poder.
En teoría, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial deberían funcionar como contrapesos.
En la práctica, Sagastume considera que el sistema guatemalteco ha permitido que los intereses políticos se infiltren en distintas instituciones y debiliten ese equilibrio.
Uno de sus principales cuestionamientos se dirige a la forma en que operan algunos partidos políticos.
Desde su perspectiva, muchas agrupaciones dejaron de funcionar como verdaderos canales de representación ciudadana y se convirtieron en estructuras utilizadas para conservar poder, asegurar reelecciones y favorecer círculos familiares o económicos.
Sagastume cuestiona especialmente a diputados que acumulan varias reelecciones y que, según señala, buscan garantizar la continuidad política de familiares dentro del Congreso.
Para el autor, este fenómeno genera una pregunta necesaria:
¿Representan realmente a la población o protegen estructuras de poder que se reproducen elección tras elección?
La preocupación aumenta cuando se analiza el sistema electoral.
Sagastume critica el funcionamiento de las listas partidarias, porque considera que muchas veces el ciudadano termina votando por una agrupación sin conocer con claridad quiénes serán finalmente los beneficiados por ese voto.
Ese mecanismo, afirma, ha contribuido a alejar a los representantes de los ciudadanos.
La consecuencia es una democracia que existe en las urnas, pero que en ocasiones pierde fuerza en la práctica.
Otro de los temas que plantea es la utilización de obras públicas como herramienta política.
Carreteras, gimnasios, proyectos municipales y otras inversiones pueden terminar siendo presentadas como favores personales de determinados diputados, cuando en realidad se financian con recursos públicos.
Para Sagastume, ese tipo de prácticas fortalece el clientelismo y convierte derechos ciudadanos en instrumentos para conseguir votos.
El autor también expresa preocupación por la presencia de familias completas dentro de la política nacional.
Cuando padres, hijos, hermanos o parejas se alternan cargos públicos, considera que la representación puede transformarse en una estructura destinada a mantener influencia y poder.
Desde su punto de vista, el problema no se limita a personas concretas.
Es un problema del sistema.
Los partidos deberían organizarse alrededor de ideas, principios y soluciones para los problemas nacionales.
Pero cuando se convierten en vehículos para intereses individuales o económicos, la democracia comienza a debilitarse.
Sagastume propone incluso analizar cuántas veces han sido reelegidos determinados diputados, de qué departamentos provienen y cuántos mantienen familiares dentro de estructuras políticas.
Para él, estos datos podrían ayudar a comprender cuánto poder se ha concentrado durante años alrededor de determinados grupos.
Su reflexión también contiene una advertencia.
Guatemala puede encontrarse frente a un callejón político difícil, especialmente si las próximas elecciones vuelven a reproducir las mismas estructuras.
Por eso, el llamado final vuelve a la ciudadanía.
No basta con quejarse del Congreso.
También es necesario observar quiénes buscan reelegirse, investigar sus antecedentes, conocer sus propuestas y ejercer el voto con responsabilidad.
La democracia no puede fortalecerse si el ciudadano entrega su voto sin conocer a quién beneficia.
Sagastume concluye con una pregunta que resume toda su preocupación:
¿Hasta cuándo aguantará nuestra paciencia, pueblos de Guatemala?
La respuesta, según su reflexión, no depende únicamente de quienes ocupan una curul.
También depende de una sociedad capaz de exigir, fiscalizar y decidir mejor.
Porque cambiar el Congreso no empieza solamente dentro del Congreso.
Empieza en las urnas.
Marco Antonio Sagastume Gemmell
Reflexión | Maro Magazine





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