Los automovilistas estadounidenses enfrentan uno de los fines de semana más caros de los últimos años para llenar el tanque. El precio promedio nacional de la gasolina regular llegó a US$4.14 por galón, según datos actualizados de AAA, cuatro centavos por encima del nivel registrado una semana antes.
La cifra coloca al país en camino de registrar el Labor Day más caro de la historia en términos de gasolina, superando el récord previo de US$3.82 por galón, establecido en septiembre de 2012. AAA señala que nunca antes el promedio nacional había superado los US$4 por galón durante este feriado.
El incremento se produce pese a que, normalmente, la demanda de gasolina tiende a disminuir al final del verano estadounidense. Este año, sin embargo, el comportamiento del petróleo ha cambiado esa tendencia.
La principal presión proviene del encarecimiento del crudo y de las interrupciones en las rutas energéticas internacionales. El Brent cerró recientemente en US$96.28 por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) se situó en US$91.48, impulsados por una nueva escalada entre Estados Unidos e Irán y las dificultades para normalizar completamente el tránsito energético por el estrecho de Ormuz.
El estrecho es una de las rutas marítimas más importantes para el mercado petrolero mundial. Aunque Washington sostiene que el flujo de crudo de Medio Oriente se acerca a niveles normales, datos de navegación muestran que el tránsito continúa por debajo de los volúmenes habituales.
A esta situación se suman otros factores de oferta. Los inventarios estadounidenses de gasolina disminuyeron en alrededor de 1.2 millones de barriles en la semana que terminó el 28 de agosto, mientras las refinerías operaron al 98% de su capacidad, su nivel más alto desde 2018.
El encarecimiento no es igual en todos los estados. Algunos mercados, especialmente en la costa oeste y Hawái, registran precios considerablemente superiores al promedio nacional, mientras estados del sur mantienen valores más bajos.
La presión también alcanza al diésel. El combustible utilizado ampliamente por transporte pesado, agricultura y logística alcanzó recientemente alrededor de US$5.85 por galón, un máximo histórico en Estados Unidos.
El aumento de ambos combustibles tiene implicaciones más allá del costo directo para los conductores. Un diésel más caro puede trasladarse a fletes, alimentos y productos de consumo, mientras el incremento de la gasolina reduce el ingreso disponible de los hogares y puede afectar viajes y gasto durante el fin de semana festivo.
El precio actual también representa una fuerte diferencia frente al año pasado. AAA reportaba un promedio nacional cercano a US$3.19 por galón en el mismo período de 2025, frente a los más de US$4.14 actuales.
La situación se ha convertido además en un tema político en Estados Unidos, donde el costo de la energía vuelve a ganar peso en medio de las elecciones legislativas de 2026. La administración de Donald Trump ha presionado a las refinerías para aumentar la producción y ha impulsado medidas para tratar de reducir los precios, aunque hasta ahora el mercado continúa condicionado por las tensiones internacionales y la oferta global.
Por ahora, el panorama sigue marcado por la incertidumbre. Mientras el petróleo permanezca alrededor de los US$90 por barril y persistan los riesgos sobre las rutas de suministro, los consumidores estadounidenses podrían continuar enfrentando precios elevados en las estaciones de servicio.





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