Detrás del escritorio | Marlon Rosales: Combatir el narcotráfico también es defender las oportunidades y el futuro de Guatemala

 

     

En esta edición de Detrás del escritorio, Marlon Rosales reflexiona sobre por qué combatir el narcotráfico no significa únicamente enfrentar una actividad ilegal, sino también proteger la educación, el desarrollo, las oportunidades y la dignidad de las comunidades que terminan viviendo bajo las reglas del crimen.

El narcotráfico no es únicamente un problema de seguridad. Es una amenaza directa contra la posibilidad de construir un país donde las personas puedan desarrollarse con libertad, estudiar, trabajar, emprender y vivir sin miedo.

La primera razón para combatirlo es clara: es una actividad ilegal en Guatemala. Pero quedarse únicamente con esa explicación sería insuficiente, porque el daño que provoca va mucho más allá de la violación de la ley.

En los territorios donde el narcotráfico logra establecerse, las reglas comienzan a cambiar. Ya no se obedece únicamente a las instituciones, sino que aparecen estructuras criminales que buscan imponer su propia autoridad mediante dinero, amenazas, violencia y miedo.

Es ahí donde surge uno de los mayores peligros: las reglas dejan de ser dictadas por la sociedad y comienzan a ser impuestas por los delincuentes.

Cuando una comunidad llega a ese punto, el costo es enorme. Las personas comienzan a vivir con temor, se limita la libertad, aumenta la violencia y se deteriora la confianza en las instituciones.

El narcotráfico también encuentra terreno fértil donde existen pobreza, falta de oportunidades, poca educación y ausencia de desarrollo. En muchos casos, las estructuras criminales aprovechan precisamente esas carencias para atraer a jóvenes y adultos con la promesa de dinero rápido.

El problema es que ese aparente beneficio termina convirtiéndose en una trampa.

Una comunidad no progresa cuando sus jóvenes tienen más cerca una estructura criminal que una universidad. No progresa cuando conseguir dinero depende de ingresar a una red ilegal en lugar de encontrar un empleo digno. Tampoco progresa cuando la violencia se convierte en una forma normal de resolver conflictos.

Por eso, combatir el narcotráfico no puede significar únicamente realizar capturas o decomisar cargamentos.

También significa invertir en educación, generar empleo, crear oportunidades, fortalecer las instituciones y recuperar los espacios donde el crimen ha intentado sustituir al Estado.

La verdadera lucha contra el narcotráfico comienza cuando un joven puede imaginar un futuro diferente.

Cuando encuentra una escuela de calidad.

Cuando existe una oportunidad de trabajo.

Cuando puede emprender.

Cuando puede caminar por su comunidad sin miedo.

El crimen organizado prospera cuando las personas sienten que no existen alternativas. Por eso, cada oportunidad educativa, cada empleo formal y cada inversión que mejora la vida de una comunidad también representa una forma de combatirlo.

Guatemala necesita avanzar hacia un modelo donde el progreso no dependa del dinero ilegal ni de estructuras que viven en la clandestinidad.

Porque vivir bajo la sombra del narcotráfico significa vivir condicionado por el miedo, el silencio y la violencia.

Y ningún país puede construir un futuro sólido desde ahí.

El desarrollo verdadero se construye con educación, oportunidades, trabajo, seguridad, legalidad y dignidad.

Combatir el narcotráfico, entonces, no es únicamente enfrentar a quienes participan en una actividad ilícita.

Es defender el derecho de las comunidades a vivir sin miedo.

Es proteger a los jóvenes de un camino que promete mucho, pero termina destruyendo vidas.

Es impedir que los delincuentes sustituyan a las instituciones.

 

Y, sobre todo, es defender la posibilidad de que Guatemala pueda avanzar hacia un futuro donde el progreso se construya con trabajo y honor, no desde las sombras.

Detrás del escritorio | Marlon Rosales

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