Si hace una década alguien hubiera pronosticado que un álbum íntegramente cantado en castellano se alzaría con el máximo galardón de la industria musical estadounidense, lo habrían tildado de utopía. Sin embargo, la noche de este domingo en Los Ángeles no solo validó esa profecía, sino que cimentó una nueva realidad: la música latina ha dejado de ser un "género" periférico para convertirse en el nuevo estándar del pop global.
La victoria del puertorriqueño Bad Bunny en la categoría de Álbum del Año con Debí Tirar Más Fotos es, indiscutiblemente, el titular que acaparará las portadas al ser la primera producción en este idioma en lograr tal hazaña. Pero reducir la velada a ese único triunfo sería ignorar la profundidad del cambio cultural que presenció la Academia. En las categorías específicas, la excelencia técnica y la diversidad sonora de la región brillaron con luz propia. Natalia Lafourcade, quien ha perfeccionado el arte de tejer folclore con vanguardia, se llevó el gramófono a Mejor Álbum de Pop Latino por Cancionera. Su triunfo reafirma que hay vida —y mucho reconocimiento— más allá de los ritmos urbanos.
Por otro lado, la explosión de la música mexicana continuó su ascenso imparable. Carín León consolidó su estatus de ícono moderno al conquistar la categoría de Mejor Álbum de Música Mexicana con Palabra De To's (Seca). Su propuesta, que hibrida el norteño con sensibilidades de country y blues, demostró que el regional mexicano ha encontrado un lenguaje universal capaz de dialogar de tú a tú con cualquier producción anglosajona.
Lo vivido en el Crypto.com Arena no fue una moda pasajera, sino la culminación de un proceso de años. La Academia de la Grabación finalmente alineó sus criterios con la realidad de los charts y la calle. Al ver a artistas como Benito, Natalia y Carín levantar sus trofeos, el mensaje fue claro: ya no es necesario cantar en inglés para alcanzar la excelencia musical a nivel mundial.




Comentarios
0 comment