Cada 15 de septiembre, Guatemala se viste de azul y blanco.
Las calles se llenan de banderas, bandas escolares, antorchas, desfiles, música y familias que salen a celebrar una fecha que, desde 1821, forma parte de nuestra historia. Este 2026 conmemoramos 205 años de Independencia.
Y sí, hay algo hermoso en eso.
Ver a los niños marchar.
Escuchar una marimba.
Observar una bandera ondeando.
Encontrar familias enteras reunidas para celebrar.
Todo eso despierta orgullo.
Pero también debería despertar una pregunta:
¿Qué significa realmente ser independientes?
Porque la independencia no puede limitarse a una fiesta de un día.
No puede quedarse únicamente en una antorcha encendida, una banda tocando o una bandera colocada en una ventana.
La verdadera independencia debería significar que nuestros niños tengan educación de calidad.
Que nuestros jóvenes encuentren oportunidades sin tener que abandonar su país.
Que nuestras carreteras permitan producir y trabajar.
Que nuestros hospitales puedan atender dignamente.
Que la justicia funcione.
Que el ciudadano pueda confiar en sus instituciones.
Y que servir al Estado vuelva a significar servir al pueblo.
Celebramos 205 años, pero todavía seguimos cargando problemas que llevan décadas esperando solución.
Corrupción.
Desigualdad.
Desnutrición.
Migración.
Falta de oportunidades.
División política.
Desconfianza.
Por eso creo que el 15 de septiembre también debería ser un día para reflexionar.
No para dejar de celebrar.
Todo lo contrario.
Celebremos.
Sintamos orgullo.
Llevemos nuestra bandera.
Enseñemos a nuestros hijos nuestra historia.
Pero entendamos que amar a Guatemala también implica exigirle más a quienes gobiernan y exigirnos más a nosotros mismos.
Porque resulta sencillo sentirse guatemalteco cuando suena el himno.
Lo difícil es demostrarlo durante los otros 364 días del año.
Ser patriota también es trabajar con honestidad.
Pagar justamente.
Respetar al otro.
Cuidar nuestros recursos.
No comprar favores políticos.
No vender nuestro voto.
No normalizar la corrupción.
Y entender que el país que queremos no lo construye únicamente un presidente, un alcalde o un diputado.
Lo construimos todos.
Las celebraciones de este año incluyeron antorchas, actos cívicos, izada de la bandera y desfiles escolares, actividades que volvieron a reunir a distintas generaciones alrededor de los símbolos nacionales.
Eso es valioso.
Pero sería todavía más valioso que ese sentimiento de unidad pudiera acompañarnos cuando termina septiembre.
Guatemala necesita menos patriotismo de temporada y más compromiso permanente.
Menos discursos sobre amor al país y más decisiones pensando en él.
Menos banderas utilizadas para dividir y más ciudadanos capaces de encontrarse bajo una misma.
Porque Guatemala merece celebrarse.
Pero también merece transformarse.
Este 15 de septiembre encendimos antorchas para recordar nuestra Independencia.
Ojalá también encendamos algo más importante:
la voluntad de construir el país que todavía estamos esperando.
Marlon Rosales
Detrás del escritorio | Maro Magazine





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